ANDAR ES UN PLACER
Publicado en 16 Febrero 2013
A decir verdad, mi vida ha transcurrido al límite del sedentarismo, pues de niña, casi hasta mi adolescencia, tenía pocas amigas y pasaba la mayor parte de mi tiempo libre en casa, disfrutando de la compañía de mi abuelo materno "Fili" (Filiberto).
Escuchaba la radio, leía o simplemente le hacía compañía.
Mi abuelo escribía poesías, dibujaba diseños.... y fumaba, fumaba muchísimo.
Con el paso del tiempo las cosas no han cambiado demasiado, aunque mi trabajo me ha obligado a mantenerme físicamente activa, nunca me he inclinado por la práctica de ningún deporte.
Hace unos meses tuve que someterme a una intervención cardiaca. ¡Y mira por donde, las cosas han tenido que cambiar!
Por prescripción facultativa, si quiero recuperarme, debo hacer cualquier tipo de ejercicio, de forma continuada y sin límite, por lo que he tenido que "ponerme las pilas" y empezar a caminar, (lo más fácil y socorrido)
Se me han planteado tres dilemas:
1º ¿A qué hora del día?
- En invierno por la mañana, cerca del mediodía.
2º ¿Cuánto tiempo?
- Sin límite, según el cirujano y aumentando progresivamente.
3º ¿Por dónde camino?
- Me he inclinado por el Antiguo Cauce del Río Túria. Auténtico pulmón de la ciudad.
He podido descubrir que se trata de un gimnasio al aire libre, sin contaminación, rodeado de Naturaleza, plantas, césped, árboles, agua...
Es un gimnasio por el que no hay que pagar cuota alguna por su disfrute, no existen horarios y no hay monitores imponiéndote disciplina.
Yo me dedico simplemente a andar a paso ligero, SOLA, (importante para mí) a pensar, escuchar música, o si me apetece me siento un rato a leer al sol, o hago gimnasia en los aparatos destinados a ese fin, que se encuentran durante el recorrido.
La ausencia de semáforos y el silencio, son dos ventajas añadidas.
Actualmente y teniendo en cuenta que estamos en invierno, la vegetación es impresionante, se alternan los árboles de hoja caduca con los de hoja perenne y los autóctonos, con los exóticos.
También animan el recorrido algunas esculturas, de diseño bastante poco afortunado (a mi parecer).
Aquí se conserva tallada en piedra, la pechina que da nombre al Paseo que transcurre paralelamente al cauce.
Durante este tramo del Paseo de la Pechina, puedo observar esta casa donde viví mi infancia y adolescencia, lo que trae a mi memoria numerosos recuerdos, buenos algunos y no tan buenos otros.
En fin, el Antiguo Cauce del río Túria es un auténtico pulmón para la ciudad y una medicina para mi corazón.